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Ocaso y renacimiento

25,00

Ilustración digital (print)
Tamaño 30x40 cm (otros tamaños consultar)

OCASO Y RENACIMIENTO

Ilustración digital (print). Disponible en formato 30 × 40 cm. Para otros tamaños, puedes consultarme.

Esta ilustración nació mientras pensaba en los bodegones clásicos, conocidos como naturalezas muertas. Siempre me ha parecido un nombre curioso porque, aunque representan objetos inanimados, inmóviles o envejecidos, muchas veces siguen transmitiendo una enorme belleza. De alguna manera, parecen desafiar el paso del tiempo. Son, entre comillas, eternos.

Además, es habitual encontrar antiguas figuras de porcelana, esculturas u otros objetos protegidos bajo urnas de cristal en este tipo de composiciones.

En ese momento recordé los jardines eternos que me gusta crear para mi casa. También viven dentro de recipientes de cristal, pero representan exactamente lo contrario. No son una naturaleza muerta, sino un pequeño ecosistema vivo que continúa transformándose con el paso del tiempo. La humedad se evapora, se condensa y vuelve a la tierra, permitiendo que la vida siga su curso dentro de ese pequeño mundo.

Fue ese contraste el que dio origen a la ilustración. Dos imágenes muy parecidas por fuera, ambas encerradas bajo cristal, pero con un significado completamente distinto. Decidí fusionarlas en una sola obra: una naturaleza muerta que, en realidad, estuviera renaciendo. Una habla de aquello que creemos terminado; la otra demuestra que, incluso dentro de un espacio aparentemente cerrado, la vida sigue abriéndose camino.

Mientras desarrollaba la idea comprendí que también quería hablar de otra transformación. Pensaba en cómo, con el paso del tiempo, va muriendo una parte más superficial de nosotros: la juventud, la belleza o ciertas preocupaciones que un día parecían fundamentales. Sin embargo, en ese espacio también nacen otras cosas. Nuevas inquietudes, otra forma de mirar el mundo, más experiencia, más sensibilidad y, a veces, una belleza mucho más profunda que la puramente física.

Por eso la antigua figura de porcelana, marcada por el paso del tiempo, deja de representar el final para convertirse en el origen de una nueva etapa. De ella brotan líquenes, plantas y nueva vida. Porque, para mí, el pasado nunca está realmente muerto. Las etapas de nuestra vida tampoco. Dejamos atrás versiones de nosotros mismos, envejecemos y cambiamos, pero mientras seguimos viviendo siempre existe la posibilidad de transformarnos y volver a florecer.

Quise reforzar esa idea con pequeños símbolos repartidos por toda la ilustración. El reloj de arena, detenido aproximadamente a la mitad, nos recuerda que el tiempo nunca deja de avanzar y que todos habitamos un instante entre un principio y un final. Quizá por eso sea tan importante abrazar el momento presente, sea cual sea la etapa de la vida en la que nos encontremos. En otro punto de la composición aparece un pequeño pájaro muerto, como una forma de aceptar que la muerte también forma parte de la vida. Sobre el reloj descansa un huevo, símbolo de todo aquello que aún está por nacer, mientras el pájaro que permanece vivo sobre la urna nos recuerda que la vida continúa y que cada etapa, por distinta que sea, puede albergar un nuevo comienzo.

Mientras terminaba la obra comprendí que, sin haberlo buscado, también estaba hablando de mí. Después de atravesar cinco años de diálisis, un ictus y dos trasplantes, entendí que renacer no consiste en recuperar a la persona que eras, porque intentar volver a ser quien ya no puedes ser puede convertirse en una forma de sufrimiento. Quizá renacer consista en aceptar a la persona que eres hoy y descubrir que también puede seguir ilusionándose, construir nuevos proyectos y encontrar nuevas razones para vivir. Igual que ocurre con algunos objetos antiguos, el paso del tiempo no siempre resta valor; a veces también lo añade.

«El tiempo no solo transforma lo que fuimos; también revela todo lo que aún podemos llegar a ser. Y, aunque no somos eternos, sí podemos dejar una pequeña huella en este mundo. Quizá por eso hago ilustraciones: porque creo que el arte es una de las formas más hermosas de permanecer.