DIME QUÉ GUARDAS DENTRO DE TU CRISÁLIDA
Ilustración digital (print). Disponible en formato 30 × 40 cm. Para otros tamaños, puedes consultarme.
DIME QUÉ GUARDAS DENTRO DE TU CRISÁLIDA
Esta ilustración nació inspirada por una frase de una canción de Víctor Algora: «Dime qué guardas dentro de tu crisálida». A menudo encuentro inspiración en la música. Hay versos que despiertan una imagen en mi cabeza y siento la necesidad de dibujarla.
Cuando escuché esa frase, la primera historia que imaginé fue la de una persona trans. Pensé en el tiempo que muchas personas pasan ocultando quiénes son hasta sentirse preparadas para mostrarse al mundo. Pero, mientras desarrollaba la ilustración, comprendí que esa crisálida nos acompaña, de una forma u otra, a todos. Todos guardamos algo que nos cuesta mostrar: una parte de nuestra identidad, un miedo, una inseguridad, un sueño o una verdad que todavía no nos atrevemos a compartir.
Las mariposas representan la transformación. No la de convertirse en otra persona, sino la de encontrar el valor para vivir siendo uno mismo. La crisálida simboliza ese tiempo de espera en el que permanecen ocultos nuestros miedos, nuestras dudas y todo aquello que todavía no nos sentimos preparados para revelar.
Recordaba que existía una planta estrechamente relacionada con la mariposa monarca y quise que apareciera en la ilustración. Busqué cuál era y descubrí que se trataba de la asclepia, la especie de la que depende para completar su ciclo de vida. Mientras investigaba sobre ella encontré algo que me fascinó: la oruga incorpora las sustancias tóxicas de la planta y, cuando se transforma en mariposa, sus llamativos colores actúan como una advertencia para los depredadores.
En ese momento sentí que aquella planta tenía que formar parte de la ilustración. Me pareció una metáfora preciosa. Igual que la mariposa transforma ese veneno en una forma de protección, muchas personas que viven siendo diferentes se ven obligadas a desarrollar mecanismos para defenderse de un mundo que con demasiada frecuencia las juzga, las discrimina o las agrede. Pensé especialmente en las personas trans, que todavía hoy siguen necesitando una mayor protección porque continúan sufriendo demasiada violencia simplemente por ser quienes son.
Fue entonces cuando comprendí que la metáfora de la mariposa iba mucho más allá de la transformación. Una mariposa es hermosa, pero también es tremendamente visible. No puede esconderse. Y eso conecta con la realidad de muchas personas trans, pero también con un hombre gay afeminado, con una mujer que decide romper los roles que otros esperan de ella, con un hombre que rechaza la masculinidad que la sociedad pretende imponerle o, simplemente, con cualquiera que decide dejar de interpretar el papel que otros escribieron para él.
Desplegar las alas no habla solo de libertad. También implica aceptar el precio de dejar de pasar desapercibido. Porque cuando abandonamos la crisálida dejamos atrás el refugio que durante tanto tiempo nos protegió.
Toda crisálida nace para protegernos, pero ninguna fue creada para convertirse en nuestro hogar. Llegará un día en que abrir las alas dará más miedo que seguir escondidos. Y, sin embargo, solo cuando nos atrevemos a desplegarlas descubrimos que siempre estuvimos hechos para volar.